La universalidad de la ley natural 

 

Redacción (Viernes, 07-02-2020, Gaudium Pres) La ley natural es universal e igual para todos los hombres, pues poseen la misma naturaleza racional creada por Dios.

La Ley Natural está inscrita en el íntimo del corazón humano. Foto: Heraldos del Evangelio Ella está inscrita en lo íntimo de su corazón y tiene su papel en el desenvolver de los acontecimientos históricos y el perfeccionamiento de todas las potencias del alma y el cuerpo que reflejan, a su vez, en todas las actividades e instituciones humanas.

Estimula el crecimiento de la persona en la verdad, el carácter de universalidad y obligatoriedad moral estimula e impulsa el crecimiento de la persona. Para perfeccionarse en su orden específica, la persona debe practicar el bien y evitar el mal, debe vigilar por la transmisión y conservación de la vida, perfeccionar y desarrollar las riquezas del mundo sensible, promover la vida social, buscar lo verdadero, practicar el bien, contemplar la belleza (JUAN PABLO II, 2002: 5).

Es una ley universal que no admite privilegios ni distinciones de razas, sexo, edad o fortuna. Brújula que guía, ella no precisa ser promulgada para ser conocida por los hombres, por eso no puede ser objeto de una ignorancia invencible.

Esta universalidad se impone a todos los hombres de todas las épocas.

Ella respeta, entretanto, la individualidad, unicidad y la irrepetibilidad de cada ser humano.

Ella abraza por la raíz todos los actos libres, y es una brújula que guía los actos humanos rumbo al fin último.

Esa misma universalidad, en vez de ser un obstáculo para el desarrollo del género humano, pide que todos busquen la perfección en sus actividades y realicen un progreso en el conocimiento de la verdad y las ciencias en todos los campos.

Por el P. Leopoldo Werner

(JOÃO PAULO II. Discurso aos participantes na Assembleia Geral da Academia Pontifícia para a Vida. 27/2/2002 In: AAS 94 (2002)).