Visita de Nuestra Señora a Santa Isabel – Una lección para sacar

 

Redacción (Lunes, 03-06-2019, Gaudium Press) A propósito del episodio de la Visitación de Nuestra Señora a su prima Santa Isabel, contemplado en el segundo misterio gozoso del Santo Rosario, celebrado el viernes pasado, y tan bellamente narrado en el Evangelio de San Lucas (Lc 1,39-56), vamos a trazar algunos comentarios.

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Inspiración Divina

En el texto de San Lucas, María nos da el ejemplo de cuánto nosotros debemos ser sensibles, cuánto debemos ser flexibles, cuánto debemos estar listos para atender a las inspiraciones que Dios pone en nuestras almas.

Cuantas y cuantas veces, a lo largo de nuestra vida, tenemos esas o aquellas inspiraciones, tenemos esos o aquellos toques interiores de la gracia, sentimos en nuestra alma que debemos emprender un camino, o entonces, abandonar algo que nos perjudica, que nos lleva a ofender a Dios. Cuantas veces sentimos la voz de la consciencia, o la propia voz de Dios invitándonos a iniciar un camino...

Nuestra Señora no dudó, obedeció

Nuestra Señora fue a visitar a su prima porque recibió una inspiración de hacerlo, fue tocada por una gracia, recibiendo así, un impulso en su interior, y obedeciendo a éste rápidamente.

Razón para quedarse en casa

María vive en de la contemplación de Dios, quien se encuentra en lo más íntimo de su corazón.

La Segunda Persona de la Santísima Trinidad estaba siendo formada como hombre en su claustro virginal.

Por eso, cuánta razón tenía Ella para quedarse en casa, contemplando este Dios que estaba siendo gestado en su interior.

Entretanto, recibida la inspiración, no titubeó. Se puso en camino.

La Alegría de obedecer movió a María

¨...Levantándose María, fue con prisa a las montañas...¨

De hecho, la ciudad de Santa Isabel quedaba en una región montañosa, y la distancia de la ciudad de Nazaret hasta allá era de tres a cuatro días de camino.

Era, por tanto, un viaje penoso y difícil, pero María está satisfecha, está alegre, y es esta alegría que la coloca en movimiento, hace que abandone las comodidades y se ponga a caminar.

Imitar a María, cumplir el deber

Ejemplo magnífico para nosotros: cuando seamos tocados por una gracia para seguir un determinado camino, o por alguna inspiración de Dios invitados a abandonar una situación que nos es agradable, o entonces, cuando hay una situación que nos lleva al pecado, seamos rápidos, tengamos prisa, e imitemos a Nuestra Señora en su predisposición para cumplir el deber. (JSG)