Papa evidencia un debilitamiento del sistema multilateral de naciones

 

Ciudad del Vaticano (Martes, 08-01-2019, Gaudium Press) Ayer, en el imponente escenario de la Sala Regia, el Papa Francisco dirigió el tradicional discurso al Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede, con ocasión de las felicitaciones de Año Nuevo.

Los temas abordados fueron múltiples. Es esta alocución una visión global del Papa acerca de las relaciones entre Estados, y de la situación interna de los países, con una especial atención en aquellos aquejados por conflictos. Teniendo eso en vista, afirmó Francisco que "la Santa Sede no busca interferir en la vida de los estados, sino que su pretensión no es otra que la de ser un observador atento y sensible de las problemáticas que afectan a la humanidad, con el sincero y humilde deseo de ponerse al servicio del bien de todo ser humano".

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Foto: Archivo

Nicaragua, Vietnam, Venezuela

Tras hacer el recuento de los países objeto de su visita en el 2018 (Chile, Perú, Suiza, Irlanda, Lituania, Letonia y Estonia), el Papa afirmó que sigue con particular atención lo que viene ocurriendo en Nicaragua, "con el deseo de que las distintas instancias políticas y sociales encuentren en el diálogo el camino principal para empeñarse por el bien de toda la nación".

"En ese horizonte se coloca también la consolidación de las relaciones entre la Santa Sede y Vietnam, con vistas al nombramiento, en un futuro próximo, de un Representante Pontificio residente, cuya presencia quiere ser ante todo una manifestación de la solicitud del Sucesor de Pedro por la Iglesia local".

A Venezuela Francisco deseó que "se encuentren vías institucionales y pacíficas para solucionar la persistente crisis política, social y económica, vías que consientan asistir sobre todo a los que son probados por las tensiones de estos años y ofrecer a todo el pueblo venezolano un horizonte de esperanza y de paz".

Alusión a la desaparecida Sociedad de Naciones

El Pontífice recordó que el 28 de junio de 1919 se instituía la Sociedad de Naciones, tras la firma del Tratado de Versalles que ponía fin a la Primera Guerra Mundial.

"¿Por qué recordar a una Organización que ya no existe? Porque representa el inicio de la diplomacia moderna multilateral, mediante el cual los estados intentan evitar que las relaciones recíprocas sean dominadas por la lógica del dominio que conduce a la guerra. El experimento de la Sociedad de Naciones sufrió enseguida esas dificultades, por todos conocidas, que llevaron exactamente 20 años después de su nacimiento a un nuevo y más doloroso conflicto, como fue la Segunda Guerra Mundial".

El Papa habló de una premisa básica para que la diplomacia multilateral llegue a feliz término, y "es la buena voluntad y la buena fe de los interlocutores, la disponibilidad a una discusión leal y sincera, y la voluntad de aceptar las inevitables concesiones que nacen del diálogo entre las partes. Allí donde falta incluso uno solo de estos elementos, prevalece la búsqueda de soluciones unilaterales y, en definitiva, el dominio del más fuerte sobre el más débil. La Sociedad de las Naciones entró en crisis precisamente por estos motivos".

Después de constatar el debilitamiento del llamado sistema multilateral, el Papa afirmó que ello es causado por cierta incapacidad del mismo en "ofrecer soluciones eficaces a las distintas situaciones que desde hace tiempo están pendientes de resolución, como algunos conflictos 'congelados', y para afrontar los desafíos actuales en modo satisfactorio para todos".

Asimismo, dijo que el sistema multilateral se debilita por "el resultado de la evolución de las políticas nacionales, condicionadas cada vez con mayor frecuencia por la búsqueda de un consenso inmediato y sectario, en lugar de buscar pacientemente el bien común con respuestas a largo plazo. En particular, es también el resultado de la creciente preponderancia de poderes y grupos de interés en los organismos internacionales que imponen la propia visión e ideas".

Como remedio a esa situación, Francisco invocó los lineamientos principales del Discurso de Pablo VI a las Naciones Unidas, fundamentalmente el respeto por el "primado de la justicia y del derecho", "la defensa de los débiles", el servir de "puentes entre los pueblo y constructores de paz" y el recordar "nuestro destino común", volviendo a pensar "en nuestro común origen, en nuestra historia".

"Nunca como hoy, en una época que se caracteriza por tal progreso humano, ha sido tan necesario el recurso a la conciencia moral del hombre. Porque el peligro no viene ni del progreso ni de la ciencia. [...] El verdadero peligro está en el hombre, que dispone de instrumentos cada vez más poderosos, capaces de llevar tanto a la ruina como a las más altas conquistas", dijo Francisco, recordando a Pablo VI.

Con información de Vatican.va